miércoles, 30 de junio de 2010

Un mar de dunas

Invocado por el viento y el agua, el mágico paisaje arenoso de la costa meridional de Brasil no es un espejismo.



Franjas de dunas embalsan las lluvias. Foto: George Steinmetz


La laguna Azul, una popular atracción turística, resplandece al pie de unas dunas que parecen de azúcar en el Parque Nacional Lençóis Maranhenses, situado a hora y media en coche (seguida de una larga caminata) de la localidad brasileña de BarreirinhasFoto: George Steinmetz


En una tierra aún empapada tras la estación lluviosa, un río teñido por los taninos de un bosque cercano vetea la arena. Foto: George Steinmetz


La flora acuática flota sobre unos tallos nadadores. Foto: George Steinmetz


El agua oscura por los taninos inspiró el nombre del río Negro, que serpentea entre las arenas vírgenes. Las prósperas comunidades de algas de las lagunas del parque pueden teñir el agua de verde o de azul. Foto: George Steinmetz


Durante los fértiles meses lluviosos, las cabras pacen en libertad la vegetación silvestre; cuando llega la estación seca, los habitantes del parque reúnen el rebaño. Foto: George Steinmetz


Los pescadores amarran sus embarcaciones en un campamento estacional en el límite occidental del parque. En la estación seca, se dedican a la agricultura. Cuando llegan las lluvias y plantar se hace más difícil, abandonan sus poblados en el borde de las dunas y se dirigen a sus campamentos en la playa. Desde allí arrojan las redes o bien zarpan mar adentro. Foto: George Steinmetz


Los vientos incesantes han dejado unas finas acanaladuras en la parte superior de una duna y han arrastrado arena hacia un manglar, sofocando unos árboles que ahora no son más que troncos desnudos. Foto: George Steinmetz


Las blancas arenas y las aguas centelleantes del parque albergan aves que nidifican, tortugas y peces. Sin embargo el equilibrio ecológico es frágil. Los excursionistas y los ciclistas pueden recorrer las dunas, los vehículos motorizados, no. Foto: George Steinmetz


Las olas de arena, compactadas por un aguacero nocturno, se suceden a lo largo del camino de un pescador que pedalea al alba con su captura para trocarla por víveres. La duna se secará en un día, y el viento empezará a remodelarla una vez másFoto: George Steinmetz

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...