viernes, 10 de septiembre de 2010

La gran isla de arena australiana

Arenas del tiempo

Los dioses aborígenes querían un paraíso en la Tierra. Y crearon la isla Fraser.

Por Roff Smith
Fotografías de Peter Essick

No le bastaba con crear el mundo; el dios aborigen Beeral quería además que fuese hermoso. Así pues, asignó a dos mensajeros de confianza, Yindingie y su «espíritu ayudante» K’gari, la tarea de convertir la materia prima de la creación en un paraíso. Tan espléndido fue el resultado, que K’gari quiso quedarse para siempre en aquel bello lugar. Se tendió en las cálidas aguas de una bahía de belleza sin par, y se quedó dormida.


A la vegetación de la isla Fraser de Australia le basta con un mínimo apoyo sobre la línea de marea.


Guiándose por el olfato, un dingo explora una duna, una extensión de sílice en continuo movimiento.




El óxido de hierro colorea Arch Cliff de un rojo intenso, un tono más de la paleta conformada por las arenas ricas en minerales de la isla Fraser. Cementadas por humus, algunas dunas alcanzan una altura de 240 metros. Los árboles y demás vegetación sobreviven gracias a los nutrientes que liberan los hongos.




Rodeada de playas y salpicada de dunas, la isla Fraser se extiende a lo largo de más de 120 kilómetros, con un ancho de apenas 25.




Las crestas de turba y los charcos de agua ácida dibujan geometrías en las inmediaciones de Moon Point.


Las aguas de escorrentía ricas en taninos del interior de Fraser tiñen el mar tras una tormenta de verano.


La rana de la especie Litoria cooloolensis pertenece a un grupo de ranas que hallan refugio en aguas ácidas, como las de algunos lagos de la isla Fraser.


Esta banksia, una de las numerosas plantas de la isla Fraser, fue bautizada con el nombre del botánico inglés Joseph Banks, quien visitó la costa oriental de Australia en 1770 en un viaje con el capitán James Cook.




Estos totems pintados ponen de manifiesto el vínculo entre la isla Fraser y sus habitantes aborígenes, los
butchulla. Sus descendientes viven hoy en Hervey Bay.


La piedra es una rareza en una isla de arena. Esta roca volcánica en Champagne Pools, en la costa norte, es millones de años más antigua que el resto de la isla.




El viento y la lluvia azotan Red Canyon, un antiguo complejo dunar del flanco oriental de la isla.


La isla Fraser es famosa por su tupida maleza. En Yidney Scrub, la luz del sol se filtra a través del bosque.


El Wathumba Creek vierte sus aguas de color café en los bajíos turquesa de la bahía Platypus.


El lago McKenzie, uno de los 40 que puntean la isla, brilla a la luz de las estrellas. De día, la playa de arena blanca y las aguas cristalinas atraen a cientos de visitantes. Al igual que los pintores y poetas que cantaron el embrujo sobrenatural de la isla Fraser, regresarán a casa con historias e imágenes de una belleza conmovedora.

Fuente: National Geographic
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...