viernes, 23 de septiembre de 2011

Rehabilitación de elefantes


Ya no son huérfanos



Después del trauma del ataque y la pérdida llega la curación, y un mayor entendimiento de las emociones y la inteligencia de los elefantes.

Por Charles Siebert
Fotografías de Michael Nichols
A lo largo del borde septentrional del Parque Nacional de Nairobi, en Kenya, un misterioso surtido de coloridas mantas de lana cubre las retorcidas ramas de algunos crotones que crecen en el bosque. Sobre el monótono fondo de tonos marrones y verdes de la región, las mantas parecen vestigios de un antiguo ritual tribal, por lo menos hasta que llegan las cinco de la tarde, momento en el que pasan a formar parte de un novedoso experimento entre dos especies.


Los cuidadores del Orfanato de Elefantes de Nairobi, dependiente del David Sheldrick Wildlife Trust, en Kenya, protegen a Shukuru del frío y la lluvia, y del riesgo de contraer neumonía, con un impermeable hecho a medida.


Incluso las crías huérfanas que han salido a dar un paseo matutino parecen entender la compleja estructura social de los elefantes. Los mayores se tumban para que los más pequeños jueguen encima de ellos.


Wasin, rescatado por el Namunyak Wildlife Conservation Trust en Samburu, tenía dos años en esta foto.


Los huérfanos compiten por este biberón que no se ha acabado la pequeña Sities, la cría cubierta con mantas. Cada tres horas los elefantes toman esta mezcla, cuya fórmula ha tardado decenios en perfeccionarse.


Daphne Sheldrick, fundadora del Orfanato de Elefantes de Nairobi, durante su ronda nocturna. Pionera en la rehabilitación de animales salvajes, fue la primera persona, en 1987, en criar con éxito a un elefante africano huérfano recién nacido.


La reintroducción de elefantes huérfanos en el Parque Nacional del Tsavo está haciendo que las manadas salvajes se recuperen, en una región devastada hace decenios por la caza furtiva.


Los elefantes disfrutan a mediodía de un baño cerca del Centro de Rehabilitación de Voi, en el Tsavo. Los baños de lodo diarios son clave para su higiene: los protegen del sol y les limpian la piel de chinches y garrapatas.


Emily es una huérfana que fue reintroducida en el medio salvaje y hoy lidera un grupo de 22 elefantes huérfanos. En una ocasión egresó al centro de Voi con una flecha clavada, que fue extraída por el equipo móvil  veterinario de Tsavo.


Emily, de 17 años, saluda a Joseph Sauni un día después de que el cuidador ayudara a que le extrajeran una flecha. «Los elefantes reintroducidos en la naturaleza suelen volver al centro en busca de ayuda, o para mostrar a sus crías.



Costó mucho llevar a esta cría de dos años hasta su cercado. Murió al día siguiente. «Es difícil ayudarlos cuando han pasado mucho tiempo con su familia –dice Angela Sheldrick, que dirige el Trust–. Simplemente se rinden.»


Un cuidador muestra hasta dónde penetró esta lanza en la cabeza de Murka, de veinte meses de edad. Más de un año después de su rescate, Murka ha dejado el orfanato y está más cerca de unirse a una manada de elefantes salvajes.


A las dos semanas, demasiado joven y frágil para integrarse con los demás huérfanos, Wasin es envuelta en una manta, un pobre sustituto de su madre asesinada. Semanas después murió por causas desconocidas.


Mzima saluda a unos escolares que visitan el Parque Nacional del Tsavo. «Para los furtivos –dice Daphne Sheldrick–, los elefantes son sólo dinero y carne. Pero eso está cambiando. Los jóvenes ya lo ven de otra manera.»


Un huérfano se echa la siesta después de comer en el orfanato de Nairobi. Es posible que los elefantes, que se cuentan entre las criaturas más inteligentes de la Tierra, no tengan futuro sin nuestra ayuda.


Lo que más necesita un elefante huérfano asustado es la presencia de otros elefantes. El proceso de socialización no se hace esperar...


Elefantes adultos rodean a Meibai, un bebe elefante que le encanta nadar.


Shukuru fue hallada por los pastores de la zona después de que la elefantita cayera en un hoyo del oleoducto Mzima-Mombasa, en Kenya.


Los elefante huérfanos establecen intensos vínculos con sus cuidadores y viceversa. «No es sólo un trabajo», explica un cuidador veterano. «Cuanto más les tratas, más satisfacciones obtienes. Acabas queriéndoles».
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