sábado, 11 de febrero de 2012

La patrulla del frío


Dos jóvenes daneses, un trineo y 13 perros recorren el helado nordeste de Groenlandia.

Por Michael Finkel
Fotografías de Fritz Hoffmann

Jesper Olsen cayó en medio de la oscuridad.
De la oscuridad y del frío. En invierno, el norte de Groenlandia pasa más de tres meses sin saber lo que es el sol. La temperatura media es de 31 °C bajo cero. El viento es brutal.
Jesper iba bien equipado para el clima ártico, y bien preparado para lidiar con unos perros díscolos, un trineo sobrecargado, un terreno abrupto y unos finos esquís de fondo. Incluso estaba preparado para caerse. Lo que Jesper no había previsto era que mientras cayera rodando por la ladera empinada y erizada de rocas, se le saldría el cuchillo de la vaina que llevaba en la cintura con la peor de las suertes. Jesper aterrizó sobre él, y la hoja se le clavó en el muslo derecho.


Bajo las duras condiciones invernales, un equipo con un trineo tirado por perros patrulla el nordeste de Groenlandia.

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En un terreno donde ir a diez kilómetros por hora es moverse rápido, un trineo cruza el Shannon Sound a buen ritmo. Cuando los elementos están en contra, salvar un kilómetro al día es toda una hazaña: hay que parar de vez en cuando para desenterrar el trineo.

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Moviendo en círculo los brazos para no enfriarse, Jesper Olsen (a la derecha) y Rasmus Jørgensen esquían junto a un trineo cargado de pertrechos: rifles, una radio, un botiquín, una tienda, sacos de dormir, un gran mapa y muchísima comida para perros.

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Siempre al aire libre, los perros de reserva de la Estación Norte son encadenados a unas estacas lo bastante alejadas unas de otras para que no surjan peleas. Sanne, encaramado en lo alto de la perrera, recibe las caricias del jefe de la base, Søren Engkjær Hansen.

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Los perros de trineo se convierten en pasajeros de un vuelo a la remota costa septentrional de Groenlandia. Troels Guld, miembro del personal de la Estación Norte, se coloca en medio de la manada, como perro alfa, para mantener el orden.

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La costa cerca de Daneborg es abrupta y accidentada. Aunque pueda parecer poco prudente que los equipos y sus trineos patrullen en invierno, en realidad es más fácil viajar por los fiordos y estrechos cuando están congelados.

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Obedientes pero con un comportamiento salvaje, los perros están ansiosos por ser enganchados al trineo y empezar a patrullar. Desde hace 60 años, los militares daneses los han criado y entrenado para adaptarse a los desiertos y helados territorios árticos de Groenlandia.

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Mientras el sol se pone en el horizonte, el equipo se dirige hacia un iceberg del fiordo Hyde, cerca de los confines septentrionales de Groenlandia. Después de dos años con los perros, «los conoces mejor que a tus amigos del colegio», asegura Rasmus.

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El gélido crepúsculo se cierne sobre el campamento, y el patrullero Jesper Olsen inspecciona los perros uno a uno en busca de posibles lesiones que puedan haber sufrido después de arrastrar el trineo a través de nieve compacta y hielo durante seis horas.

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La bandera danesa ondea en el trineo mientras los perros jadean en un mar helado cerca de la Estación Nord. Los patrulleros deben conducir a sus perros; en condiciones climáticas extremas, ello significa usar el GPS y una brújula.

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Para ser un perro alfa hace falta confianza e inteligencia, y Johan posee ambas cualidades. Si surgen peligros, como un hielo muy frágil u osos polares, será el primero en detectarlos. Hansen, el otro perro delantero, tiene también aptitudes para un día convertirse en líder del grupo.

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