sábado, 7 de julio de 2012

Lisboa, la ciudad mágica (de Ruhei)

por frivera


Lisboa, una ciudad lejana y a la vez cercana, la capital europea más occidental de la Europa continental y que al igual que canarias retrasa una hora su tiempo respecto al nuestro.

La época de ir, diciembre, desde luego no era la más apropiada, pero eran los días que teníamos libres y había que aprovecharlos como fuese.

Partimos de Valladolid un jueves por la mañana, pero cuando estábamos colocando las maletas, aprecié un charco de anticongelante debajo del vehículo, cambio de planes y mal empezamos el viaje, pasamos todas las maletas al coche de Nuria (mi compañera de fatigas) y rumbo a Portugal.

El viaje se retrasa y encarece, pasamos de un diesel a un gasolina, y eso se nota, sobre todo teniendo en cuenta los precios a los que está el combustible por aquellos lares a 1.7 euros el litro de 95, casi nada.

Las carreteras están bien, autopista-autovía hasta allí, el peaje unos 15 euros, a destacar solo la niebla, 5 horas y media de viaje hasta que llegamos al hotel situado cerca de la plaza marqués de Pombal, el hotel es un 4 estrellas correcto y con desayuno, pero sobre todo con parking asegurado “que es lo que más nos interesa” e internet.

Llegamos por la tarde, sin embargo los días son muy cortos por la época en la que estamos y se aprecia una cierta neblina que oscurece el día, lo que no sabíamos es que esta niebla sería una tónica general ya que Lisboa se encuentra en el estuario del Tajo, la temperatura + 5º, un poco más alta que en castilla, pero estamos abrigados y hemos venido a disfrutar.

Paseando Lisboa
Tengo que reconocer que el tiempo no nos acompaño nada, sin embargo, el ambiente bohemio y nostálgico que tiene la urbe es capaz de enamorar a cualquiera.

Una de las primeras cosas que hacemos es comprar la tarjeta “viva viagem” en detrimento de la “Lisboa card” ya que la primera es mucho más económica (9 euros día/persona) y aunque no permite la entrada a Museos ni descuentos nos da barra libre de autobús, metro, tranvía y algún barco, después pasamos por la oficina de turismo para recopilar mapas e información general.

Un apunte, con el castellano te haces entender perfectamente y para los que no hablamos un portugués fluido es muy de agradecer.

Partimos del hotel (Pombal) y bajamos la “avenida da libertade”, muy transitada y con edificios curiosos a ambos lados de la misma, hasta llegar a la Plaza de Rossio, situada en la zona turística y repleta de cafeterías, pastelerías y tiendas de recuerdos.

Foto 1. Plaza de Rossio, con Don Pedro IV en el centro.
Bajo la atenta mirada de Don Pedro IV paseamos por la misma, tiene adornos navideños, estamos a 7 de diciembre, los mosaicos en blanco y negro del suelo son algo típico en Lisboa, y muchas de las calles y plazas del centro se encuentran pavimentadas de esta manera.

Continuamos hasta la calle Santa Justa, cuyo mayor atractivo es el elevador que comparte el mismo apellido, esta torre de aspecto neo gótico, con dos ascensores que suben y bajan alternativamente, une los barrios de La Baixa y Chiado, y aunque la cola puede ser un poco pesada, merece la pena subir para disfrutar de las vistas.

Foto2. Elevador de Santa Justa, menuda cola nos toco esperar.

Foto 3. Vista de Lisboa desde el elevado, con la Rúa Augusta iluminada.
Desde arriba se puede apreciar el Castelo de São Jorge, Rossio, La Baixa, y con la viva viagem puedes subir y bajar las veces que quieras, no puedes acceder a la zona más alta, sin embargo merece la pena la espera.

La ciudad está llena de vida para la época que es, gente de toda condición y aspecto se arremolina alrededor de los espectáculos callejeros. La hora azul junto a la neblina y las luces, hacen de este momento del día algo especial y lleno de magia.

Seguimos andando por la Rúa Augusta llegamos a la plaza del Comercio, un ejemplo de arquitectura Lisboeta, comparte con Rossio el tipo de pavimento, ¡como resbalaba el jodio con la humedad! Es otro de los centros históricos y algo que no te puedes perder si vas por allí.

Foto 4. Rúa Augusta, llena de Luz y de vida, al fondo se puede ver el arco del triunfo.
La rúa augusta une la praça de Rossio con la Praça do Comercio, el arco del triunfo, es la perla que franquea la entrada a esta última.

Una vez que llegas a la plaza, te cautivan la inmensidad de la misma, el arco decorado, y la estatua de José I, ya que todas las miradas nos llevan a él. Otro elemento curioso, es el tranvía que ejerce de oficina de turismo.

Foto 5. El arco del triunfo en todo su esplendor.
Se puede considerar que la plaza de comercio es el centro neurálgico de la ciudad, una plaza inmensa donde antiguamente tenían lugar los ajusticiamientos y juicios públicos, ha sido destruida varias veces a causa de los terremotos de siglos pasados.

La plaza tiene salida directamente al tajo por el llamado “muelle de las columnas”, aunque el bañito en el rio puede esperar a otra estación.

6. Plaza de comercio, con su típico tranvía.
Una vez dado el paseo y con nuestra capacidad de aguantar frío bastante cercana al límite, regresamos a Rossio para reponer fuerzas y degustar comida rápida portuguesa en los distintos Snack Bar que hay por la zona, recomiendo el que está situado al lado de la estación, ya que abre hasta tarde y tiene gran variedad de platos. Patatas rellenas de bacalao (pescado nacional), bocadillo de carne cocida con salsa de la casa y algún pastel típico fueron nuestra cena, después nos tomamos una ginghina para entrar en calor, que es un licor de guindas suave, cerca de allí hay un pequeño puesto donde la gente hace cola para degustar este licor por poco más de un euro.

A estas horas ya empezaba a subir la niebla y el frío, los puestos de castañeras forman parte del mobiliario urbano y la gente se reúne alrededor de las mismas en busca de un cucurucho caliente.

Foto 7. Aparte de la espesa niebla, los puestos de castañas son algo típico en invierno.
Nada más cenar, cogimos el tranvía 28, es el que te pasea por el centro, pasa por Alfama, Baixa, Chiado, Graça,… traquetea y tiembla que da gusto, no te puedes fiar de las horas a las que llega ni a las que se va, y es en esta línea en la que más situaciones curiosas se producen entre los coches que no pueden pasar, los tranvías, los peatones y las calles estrechas por las que circula, es el mejor banco para descansar y reponerse, y es parte importante de de la esencia lisboeta.

Foto 8. No te puedes perder los paseos en tranvía
Recomiendan coger el tranvía al principio o al final del viaje para poder sentarse cerca de la ventana y disfrutar de las vistas y del paseo, nosotros a las horas a las que íbamos, sobre las 23 no tuvimos problema de sitio ni de apabullamientos.

Bajamos en el centro, y hacemos el viaje de vuelta al hotel, desde la Baixa hasta Pombal, unos 20 minutos de paseo rápido y placentero, aunque con ganas de pillar la cama y descansar.

BELEM
A la mañana siguiente cogemos el metro hasta Chiado y nos adentramos en el barrio alto, no tanto como nosotros hubiéramos querido, pero pudimos ver parte del mismo, aun tengo la sensación de que nos dejamos muchos rincones en el tintero, Y… ¿A quién no le pasa?

Foto 9. Barrio alto y sus calles empinadas
Me hubiera gustado disponer de más tiempo para disfrutar de sus calles sin embargo a media mañana nos fuimos hacia el barrio de Belem.

El barrio de Belem es donde se encuentran los monumentos más representativos de Lisboa y sus pastelerías más exquisitas, si vais no dejéis de probar los pastéis de Belem, salen a 80 cent unidad.
Están riquísimos y a la vez sirven para agradar a familiares y amigos una vez en casa.

Tomamos el autobús 15 cerca de la plaza de comercio, que nos deja directamente en la Avenida de la India, enfrente de uno de los monumentos más importantes de Portugal y que es una oda a las riquezas que se pudieron amasar durante la época de los descubrimientos, el Monasterio de los Jerónimos.

Más de 300 metros de fachada, y un siglo para su construcción, nos dejan con los ojos como platos durante un buen rato, la cola de más de una hora para acceder al claustro nos quito las ganas de esperar y nos animó a seguir camino.

Foto 10. Monasterio dos Jerónimos

Foto 11. El monumento a los conquistadores.
En frente del museo de los Jerónimos, encontramos el Monumento a los descubridores, el cual nos recuerda que hace 500 años Portugal fue una superpotencia naval, tiene forma de carabela y una altura considerable, se puede acceder al interior del mismo previo pago y en su parte más alta dispone de un mirador.

Después de dar el paseo de unos 500 metros por la orilla del tajo, nos encontramos con la emblemática torre de Belem.

Foto 12. Paseo familiar por los alrededores del Tajo.
Una torre de vigilancia que junto al monasterio de los Jerónimos pertenece a las 7 maravillas de Portugal. La torre de Belem, un monumento defensivo de estilo manuelino, estilo que comparte con el Monasterio.

El Barrio de Belem es un barrio pintoresco, como todo Lisboa, y como tal quiero enseñaros estas galerías de arte pintadas de alegres colores, son tantos los contrastes de la ciudad que en la parte de atrás de estas galerías había varios coches desguazados. 

Foto 13. Galerías de arte en el Barrio de Belem (enfrente de la torre)
Ya por la tarde y con la tripa llena de pasteles, nos acercamos hasta el Parque de las Naciones.

Otro punto a destacar, son las estaciones de metro de Lisboa, algunas son increíbles, merece la pena parar un minuto y contemplar estas obras cosmopolitas, tenemos ejemplos en Rossio, Oriente o Praça Espanha.

Foto 14. Estación de metro de Praça Espanha.
Llegamos al parque de las naciones sobre las 5 y pico de la tarde y oh! ¡Horror!, una niebla de las que no te permiten ver más allá de 10 metros al salir de la estación.

Pues nada, nos hemos ido hasta allí, pero es que la niebla aparece en cosa de minutos, y no hay remedio, nos resignamos y damos un pequeño paseo, alguna foto puede ser rescatada, y juramos volver al día siguiente.

Foto 15. La exposición universal de 1998 espera nuestra visita al día siguiente.

Foto 16. Paseamos por la senda habilitada para ello, pero sabemos que nos estamos perdiendo lo mejor.
De vuelta al hotel y tristes por el tiempo, nos vamos hasta Alfama a comer marisco y bacalao para matar las penas. Comer es otra de las cosas que da más gusto hacer en la capital. El bacalao es el pescado típico de Portugal, no te puedes ir de Lisboa sin comer un buen Bacalao, allá tu como lo quieras, ya que lo cocinan de muchas maneras (asado, en salsa, caldereta, rebozado, con arroces y pastas…), pero por este barrio puedes encontrar la oferta gastronómica que desees y para todos los bolsillos.

Comer con fado es un buen plan, pero hay que buscar muy bien, ya que nos pueden meter un palo con la cuenta y dejarnos con hambre.

Recomiendan ver un espectáculo de fado en el teatro, por poco más de 15 euros y después ir por Alfama a cenar en el primer “tascucio” que encuentres (dicho y hecho).

CAPEANDO EL TEMPORAL
Pues lo que creíamos que sería una niebla pasajera, al día siguiente se convirtió en lluvia…

Metro hasta Plaza de comercio y nos acercamos a la puerta donde daban la bienvenida a las autoridades en tiempos de “gloria y dineros”, y desde donde tenemos una magnifica vista del Tajo, Cais das Colunas o muelle de las columnas. Aquí es donde se recibía a los mandatarios extranjeros en tiempos de gloria.

Foto 17. Tiempo inestable en Cais das Colunas o muelle de las columnas
Después el 28, que nos deja al lado del Castelo de San Jorge, este fue uno de los peores tiempos invertidos del viaje, ya que la entrada estaba llena de turistas, llovía en abundancia y nos clavaron 7 euros por barba (no merece la pena), en resumen, una ruina.Esta es una de las pocas fotos que pude salvar de la mañana aciaga.

Las vistas están muy bien, pero no nos compenso en esas condiciones y son similares a las que tienes en el mirador de Alfama.

Foto 18. Panorámica de Lisboa
Sobre las 2 o así, empezó a despejar y sin pensarlo ni un segundo nos cogimos otro metro para el parque de las naciones, ya que el día anterior no pudimos ver nada de nada.

Aquí es donde se celebró la exitosa exposición universal de 1998, y para aquellos urbanitas que disfrutan de los modernismos y los edificios altos un santuario de inspiración.

Foto 19. Entrada al parque de las naciones
Aquello estaba lleno de familias y de turistas, paseando y disfrutando del sorprendente buen tiempo, a lo lejos veíamos el puente Vasco de Gama, el más largo de Europa con 17 kilómetros de longitud, es lo más cerca que estuvimos de él.

Mientras buscaba la forma de encajar el puente en las fotos, los niños hacían lo imposible por aparecer en ellas. Los portugueses, suelen tener un carácter alegre y cercano al igual que nosotros, cosas de la península Ibérica.

Foto 20 Parque de las naciones, con el puente de Vasco de Gama al fondo.
Otro de los edificios emblemáticos del parque y de los que más visitas recibieron durante la expo, es el oceanario, el segundo mayor del mundo y cuya estructura recuerda a la de un portaviones.

Foto 21. Oceanario

Foto 22. Marina del Parque das Nações, un embarcadero en medio del parque.
Aprovechamos la tarde de ese día, para disfrutar lo que se nos negó la anterior, es un recinto impresionante de unas 350 hectáreas, que está muy bien conservado y que nos ofrece unos espacios únicos. La expo del 98 se dedico a los Océanos y a la importancia histórica que tuvieron.

¡La próxima vez subimos al teleférico seguro!

Foto 23. Vista general del Parque, con el pabellón atlántico, las torres, el pabellón de Portugal, y el teleférico
Después de esta larga visita, cena en Alfama (no es difícil dar con sitios románticos ;-)) y de parranda por el barrio alto.

La despedida

Con mucha pena, nos tenemos que despedir de Lisboa y de sus calles, pasamos antes por Belem, para llevar Pasteles de recuerdo y de paso ver el imponente puente 25 de abril.

Es impresionante, y recuerda poderosamente al de San Francisco. Mide algo de 2 kilómetros y comunica las dos orillas del tajo. En la otra orilla nos espera Cristo Rei, sin embargo le visitaremos la próxima vez que vayamos, ya que por tiempo se nos hacía imposible.

Foto 24. Puente 25 de abril
El resto del día nos acercamos a Sintra, que es un lugar digno de visitar, pero eso es otra historia…


Agradezco a Francisca la oportunidad de contar mi visita a Lisboa y sobre todo su paciencia conmigo, también a Nuria, que me aguanta como una santa. Por último prometo que volveremos y aconsejo a todo aquel que no lo conozca a que dedique tres o 4 días a conocer esta maravillosa ciudad y a sus gentes.
Rubén Toquero

Fuente: OJO DIGITAL 
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