miércoles, 8 de agosto de 2012

Chicago, ciudad del viento (de SOMA)



Chicago es una de esas ciudades que cuando te marchas te dejan marcado para siempre. No conocíamos a nadie de nuestro entorno que la hubiese visitado así que íbamos con el nerviosismo y la incertidumbre de conocer un mundo nuevo.


Esta ciudad estaba en el meridiano de un viaje que empezó en Nueva York, pasó por Boston y acabó en Washington y Philadelphia. Pensábamos que después de haber estado en la Gran Manzana, Chicago no nos iba a sorprender. Afortunadamente estábamos equivocados.


Nada más pisar sus calles ves que nada tiene que ver con otras ciudades americanas que habíamos visitado anteriormente. Tienes rascacielos, por supuesto, pero también muchas otras atracciones que hacen respirar un ambiente especial, y además con la amplitud y frescura que aporta contar con un lago que más que un lago parece un mar.


Pero sin duda uno de los mayores atractivos que nos ofrece esta ciudad es su arquitectura, mezcla de Barroco, Art Deco, Neogótico y diseño contemporáneo, una delicia para los amantes del género que casi "agradecemos" aquel incendio que en 1871 arrasó todos los edificios de madera de la época. Este desastre atrajo a los mejores arquitectos e ingenieros que plasmaron verdaderas obras de arte en forma de acero, cemento y cristal.


Chicago es una ciudad muy grande, pero agradable de pasear, sobre todo por su famosa calle comercial"Magnificent Mile" Se nota en sus gentes que su ritmo es más calmado que la frenética Manhattan y eso lo agradece mucho el turista.


Uno de los lugares obligados para el visitante y un buen punto de partida es el Millennium Park, un espacio donde disfrutar de verdaderas joyas como la curiosa escultura "The Bean" ó también llamada "Cloud Gate", una judía gigante de acero inoxidable pulido de 20 metros de largo por 13 de alto. Es una gozada para la vista ver las caprichosas formas que adoptan los edificios al reflejarse en su superficie.


Dentro del Millennium Park también tenemos el Jay Pritzker Pavilion de Frank Gehry, un auditorio de música al aire libre y un ejemplo de escultura ultra-moderna, la Crown Fountain (obra del español Jaume Plensa), una especie de piscina de granito con una torre de cristal a cada lado donde se proyectan vídeos de personas que interactúan con los chorros de agua que brotan de ellas.

Después de pasar un inolvidable rato en este parque, una buena idea es cruzar Columbus Drive por el impresionantePuente BP, también de Gehry, dirección al NavyPier. Esta agradable caminata se puede hacer por el paseo marítimo para admirar las vistas del lago desde su puerto deportivo y el original edificio Lake Point Tower.


El Navy Pier es un gran espigón con infinidad de ofertas de ocio, restaurantes,exposiciones, etc. y es el punto de partida de muchas excursiones en barco por el Lake Michigan y por el Chicago River. Hay varias rutas que recorren el río y es algo que hay que hacer porque la perspectiva desde ahí nos ofrece una ciudad mucho más grandiosa.



También aquí tenemos la posibilidad desubir a un globo aerostático para ver una fabulosa panorámica de la ciudad. En nuestro caso fue una pena porque cuando fuimos a subir suspendieron los viajes por las rachas de viento que hacían la atracción peligrosa.


Si estamos muy cansados de andar, otra de las atracciones obligadas es el El Train (Elevated Train), el metro exterior elevado que hemos visto en tantas películas. Recorre el Loop, parte esencial de la ciudad, con paradas en lugares estratégicos e ineludibles.


Como toda ciudad americana con grandes rascacielos no pueden faltar los observatorios para admirar los impresionantes skylines. Nosotros sólo pudimosir al Skydeck de la Willis Tower (Sears Tower) y sin duda merece la pena sobre todo para experimentar la sensación de sus balcones colgantes transparentes... quitan el hipo.


Si vamos en verano ¿por qué no un momento de relax playero en la Ohio Street Beach? Más quisiera New York tener algo así…  Pequeña pero tranquila y si hace buen tiempo invita sin duda a darse un chapuzón ¡no os olvidéis el bañador!

Un buen plan para cuando cae la tarde es, dejando de camino la enorme Buckingham Fountain, ir a los parques delAquarium, una zona aconsejable para pasear, pero sobre todo para disfrutar del anochecer con el skyline completo de la ciudad como marco incomparable. Merece mucho lapena. Os aconsejo que llevéis un buen trípode porque los vientos allí son bastante potentes y un trípode de viaje normal, si queremos hacer exposiciones un pelín largas, no nos valdrá.


Después de tomar unas cuantas fotos, es obligado degustar la mítica Deep-Dish Pizza al estilo Chicago, una pizza exquisita de unos 5 cm. de grosor.Nosotros la tomamos en el curiosísimo local del Gino's East de la calle Superior. También tiene mucha fama el Giordano's.


Después de ingerir semejante manjar, si quedan fuerzas (y dinero) no está demás visitar el legendario ChicagoTheatre. Nosotros no vimos ninguna función ¡¡nos faltaron horas!! 

Y antes de irse a dormir sería un delito no disfrutar de una de las señas deidentidad de esta ciudad: el Blues. Yo he sido músico aficionado y siempre me ha gustado el blues, pero escucharlo en directo en la mismísima Chicago se quedará grabado en mi mente toda la vida. Hay varios locales muy recomendables, nosotros estuvimos en el Blue Chicago ¡brutal!


Estas son simplemente unas pinceladas de lo más característico de Chicago, pero hay mucho más. Me gustó mucho la sensación que nos dejó, con ese deseo devolver a visitarla en algún momento. Una ciudad de contrastes, muy americana pero muy elegante a la vez... uno de esos sitios de los que piensas… ¿por qué no irse a vivir allí?

¡Hasta pronto Chicago!


Víctor Peláez.

Fuente: Ojo Digital 
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